7 de mayo de 2021

1 Mi Historia

Durante el confinamiento me convencí de que lo único que quiero hacer es pintar

El 14 de marzo del 2020 se confinó a toda la población en España, producto de la expansión de la pandemia del coronavirus que  sigue amenazando al mundo. Como en muchos países solamente se podía salir de casa para comprar comida, medicinas, tabaco o atender alguna emergencia justificada de trabajo.

Todos tuvimos que adaptarnos a este cambio.

Todos tuvimos que reorganizar nuestras vidas.

El mundo se transformó rápidamente ante nuestros ojos, abriendo de par en par las puertas de la llamada “nueva normalidad”, Súbitamente nuestras casas se transformaron en oficinas de trabajo, las habitaciones se convirtieron en aulas de clases, el patio de recreo de los niños se movió al salón de la casa, el bar de siempre revivió en nuestra cocina, el gimnasio en el pasillo, el restaurante llegaba por entregas delivery; tan sólo quedaba el baño para tener unos pocos segundos de intimidad. 

¡Nuestro mundo se contrajo de golpe! Tan rápido, como la tortuga que se esconde en su caparazón para protegerse de las amenazas externas. Y es que, como una tortuga, tuvimos que refugiarnos dentro del  caparazón de nuestras casas para protegernos de la amenaza del covid 19.

En estos tiempos de pandemia me gusta pensar en que los seres humanos tenemos dos caparazones que usamos como refugio. El primero en nuestra casa, es el caparazón en que nos escondemos cada uno de nosotros. Nuestra propia concha.  La brutal contracción de nuestro mundo, repentinamente , nos alejó del exterior y nos colocó más cerca de nosotros mismos.  Además, en este rápido y sorpresivo cambio se alborotaron muchos sentimientos. Reconozco que sentí miedo, tristeza y una gran sensación de vacío. 

Les confieso que la sensación de vacío es la más profunda, la más dolorosa. Se siente como un vértigo que se clava en el pecho siempre buscando salir. Es una especie de presión que aparece justo arriba de la barriga y que hace su nido en la boca del estómago.Esta punzante sensación puede acompañarnos toda la vida. Contra eso debemos estar dispuestos a entrar en nuestro segundo caparazón, aquel en el que nos refugiamos para protegernos y hacernos preguntas.

Quiero compartir con ustedes mi vivencia durante la pandemia, especialmente mi proceso de toma de decisiones. Les contaré un capítulo de mi historia personal en la que decidí dedicar todo mi tiempo a pintar y a dibujar. Quiero mostrarles cómo una serie de errores se transformaron en aciertos, permitiendo que encontrara una hermosa vía de expresión plástica

¡Acompáñenme! Esta es la historia de mi confinamiento que inició en Barcelona, el 14 de marzo del 2020, y continúa…

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